El efecto yate.

Estimados lectores:

Hoy les traigo una anécdota que me narraba una clienta hace algún tiempo atrás. Creo que representa el daño que hace la mala publicidad y el marketing a la sociedad en general y al vino en particular.

Para no comprometerla he cambiado nombres y lugares, pero no la esencia y los hechos en si:

Mi marido tiene familia en Italia, en la isla de Sicilia, un primo lejano con el que de pequeños tenía muchísima relación y no se veían desde hacía años, la cuestión es que nos invitaron a pasar unos días con ellos aprovechando que en las vacaciones de Verano visitaríamos dicho país.

Era gente de dinero, vivían en una gran casa con jacuzzi y piscina, conducían coches de alta gama y tenían un yate amarrado en el puerto deportivo. Su invitación, de hecho, era la de recorrer parte de la costa Siciliana en su barco.

Desde que se levantaban hasta que se acostaban esta gente se pasaba todo el día bebiendo champán, entre los cuatro posiblemente acabamos con más de 4 cajas de champán en los dos días que estuvimos navegando con ellos y no podía nada más que sentirme culpable cuando descorchaba alguna de esas botellas que a buen seguro costaban un buen dinero puesto que esta gente comía solomillo y cenaba langosta.

Sin lugar a dudas, ese champán, era el mejor espumoso que jamás había bebido, me enamoré perdidamente de el y el último día les pregunté donde podía comprarlo (porque el nombre me era completamente desconocido).

Mi sorpresa fue mayúscula cuando me dijeron que el mejor espumoso que había bebido en la vida se vendía en “tal” supermercado, de oferta a 1,50€ la botella al comprar la caja. No hizo falta ir a comprar a ningún sitio, ellos mismos nos regalaron una caja, que no era champán de Francia, sino de alguna casa italiana.

Mas tarde, en el hotel, mi marido y yo decidimos descansar esa noche después de unos agotadores días de navegación, pedir una cubitera, hielo y acabar con una de esas botellas del mejor espumoso que había bebido en la vida.

Las 6 botellas, todas y cada una de ellas, se fueron por el desagüe del lavabo, el peor espumoso que he bebido en la vida, era lo peor, jamás he probado nada tan absolutamente malo… ¿qué es lo que le pasaba al vino?.

Al vino no le pasaba nada, siempre había sido un vino malo, me pasaba a mi, me faltaba el yate.

“El efecto yate” es en lo que se basa el marketing hoy en día, así que la próxima vez que compréis un vino con mucho dinero invertido en publicidad y de abultado precio por botella, pensad cuanto de ese dinero se destina a que os  influya “El efecto yate”.

Al parecer será verdad eso de “cobra vinagre en copa de oro que no se paga vino en vaso de barro”.

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