Esnob insoportable u orgulloso ignorante.

Vino blanco o tinto.En este país, parece ser, que solo se pueden ser dos cosas en esta vida: orgulloso ignorante o esnob insoportable. En todas las áreas, pero en este caso nos referiremos al vino que es lo que nos toca… y sobre todo sufrimos a los dos bandos.

Yo cuando voy al taller, y el mecánico que me tiene que arreglar el coche, Paco, que es como se llama, me empieza a soltar una retaila de palabras técnicas sobre si el carburador no procede a la combustión de la trúcula del piñón izquierdo del calzador de marchas, inmediatamente le doy el alto y le pido que me hable en cristiano.

Si el mecánico es una persona honesta, y no un esnob redomado, en vez de mirarme con superioridad por encima del hombro, me traducirá su jerga para que la entienda alguien que es un ignorante en cuestión de mecánica, pero claro, yo en vez de asentir como un bobo, preguntaré lo que no entienda, porque seré ignorante, pero poco orgullo me produce mi desconocimiento, pero a la vez ninguna vergüenza.

Que el mundo del vino se ha esnobizado en demasía es algo que nadie pone en duda y que parece ser que para ser un buen “catador” hay que saber más de estrofas y de sinónimos que de vino, todo ello, aderezado con muchísima imaginación… y si, algunos llegan a proceder en su día a día con un esnobismo galopante que da grima.

Pero es curioso, que muchos, en vez de reconocer su ignorancia sobre un sector y preguntar, lo que hacen es lucir con orgullo su ignorancia y ridiculizar cualquier atisbo de conocimiento sobre el tema tachando toda cultura sobre susodicho de esnobismo.

Yo cuando voy a comprar, por ejemplo, un ordenador, que para mi todo lo que pasa de circuitos para dentro es magia, le pregunto al de la tienda. Le digo que tengo tanto dinero y que lo necesito para tal o cual cosa, si el comerciante es honesto me recomendará la mejor opción, simplemente porque tiene un establecimiento y quiere que vuelva a comprar allá o lo recomiende a conocidos y amistades… claro está que si no es honesto ni volveré ni lo recomendaré.

Lo mismo pasa con el vino y en la misma situación os veréis cuando queráis comprar una botella en cualquier vinoteca o leáis las notas de cata de nuestra tienda online (http://shop.popthewine.com, donde tratamos de escribirlas en cristano con términos que todo el mundo pueda comprender). Porque las notas de cata tan solo son descripciones del producto y no entenderlas no quiere decir que sean de un pedante esnobismo sino de que sabéis tan poco como yo de informática que pongo cara de tonto cuando empiezo a leer en la tienda de informática sobre hercios, gigas y ram en las especificaciones técnicas de cada computadora… claro está, que ni los mejores profesionales son capaces de entender las notas de cata escritas por los esnobs más mediocres.

Esnobs existen en todos los sectores, y abundan mucho sobre todo en este país nuestro, pero recordad que uno de los requisitos para ser esnob es “no tener ni puta idea”… al final las dos opciones son métodos para no reconocer la ignorancia, son dos mecanismos de defensa: Los esnobs quieren aparentar que saben llegando al ridículo y los orgullosos ignorantes ridiculizan el saber como excusa a su ignorancia.

No se puede saber de todo y en el vino solo se consigue cierta culturilla tal y como en el mundo de las mermeladas, es decir: mediante prueba y error. Oiga, este vino me gusta, voy a mirar de que es y de donde para comprar cosas así, pero este otro vino, que lo odio, miraré que es y de que para no comprar cosas así nunca más… y no tiene más misterio.

Que si regaliz, que si grosellas, que si vainilla… el vino no huele a nada, el vino huele a vino, pero tiene miles de moléculas que cada una de ellas te recordará a un aroma y digo recordará porque todo se basa en que tu hayas almacenado antes dicho aroma en la memoria. Por lo tanto cada persona tendrá una experiencia distinta con el mismo vino. Pero cierto es también que hay aromas que más o menos todos hemos olido muchas veces (el regaliz por ejemplo) y otras que no (el desván de casa de tus abuelos)… pero para captar estos aromas hace falta entrenamiento, y no oliendo vino, sino oliendo todo lo que nos rodea (si alguien se pone a olfatearos en la calle no os alarméis, posiblemente haya leído estas lineas y quiera memorizar vuestro aroma), pero esto es una elección y te tiene que gustar mucho el vino para liarte a tratar de sacar sus “aromas” (hay gente que tiene otros hobbies y malgasta su tiempo con lo que quiere, metiendo barcos en botellas, viendo la tele,… yo lo hago oliendo cosas).

Existe gente que es capaz de decirte las variedades de uva de un vino, la madera en la que se ha criado y si un jabalí paseo por la viña con sus jabatos antes de la vendimia (esto último no)… pero sobran dedos para contarlos y esto solo se consigue de una forma, sin mucho prestigio en nuestro país, que es con mucho trabajo, mucha dedicación y muchísimo esfuerzo.

En todos los sectores existen catadores profesionales que se cuidan (y mucho) las narices: Los que elaboran las mezclas del te, las mezclas de café, en el sector de la cerveza y en general en toda la alimentación… pero claro, para un orgullos ignorante es más fácil señalarle con el dedo y proclamar en alto “¡Mirad que tonto, cuanto sabe!” que reconocer su ignorancia.

Hay adjetivos que todos entendemos como ácido, rasposo, fuerte, suave, dulce, amargo, ligero… y ¡oh sorpresa!… cuando compráis pizzas congeladas cuyo envase reza “crujiente” o elegís los yogures en los que en la tapa pone “cremoso”, ¡pardiez!, si eso también son notas de cata, pero claro, comer pizza congelada o yogures cremosos no es esnob (¿o si?… y a los bífidus me refiero).

Así que no hagáis caso ni a unos ni a otros, preguntemos lo que no sabemos. Las opiniones de los que se rían porque no sabemos o porque queremos saber no cuentan para nada. Si estáis ante un profesional honesto lo simplificará, os lo explicará sin jerga y lo hará de mil amores.

Nuestra ignorancia sobre un tema ni debe producirnos vergüenza ni orgullo, porque al final de todo, el vino tan solo es agua sucia y todo se reduce a este me gusta y este no me gusta… no tiene más misterio.

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