¿A quién demonios le estoy comprando el vino?.

Fíjense bien en su cesta de la compra… ¿cual es el único alimento envasado que no tiene una lista de ingredientes?: El vino, si, un alimento muy por delante de una bebida alcohólica, y esta condición (o consideración), lo convierte en una bebida con ciertos permisos que pueden llevar a ciertas confusiones al informar al consumidor en el etiquetado (muy aprovechadas y buscadas por algunas malas artes) ya que los únicos datos, que nos obliga la ley a difundir en la botella de vino (no entraremos en reglamentos de las I.G.P. o D.O. que son para darles de comer a parte), son cuatro: El volumen de la botella (cuanto vino lleva), el grado alcohólico de la bebida (cuanto alcohol hay dentro), el aviso “contiene sulfitos” (para los alérgicos) y el código del embotellador… no del elaborador, repetimos, del embotellador (por si te mueres envenenado bebiéndola que encuentren al que puso el vino dentro de la botella).

Los 4 datos obligatorios que deben estar en una botella de vino.

Los 4 datos obligatorios que deben estar en una botella de vino.

Esto propicia, por ejemplo, que el consumidor sea completamente incapaz de saber quien demonios ha embotellado el vino que está comprando si tan solo aparece un “número” en la etiqueta, y mucho menos quien lo ha elaborado, ya que el embotellador podría haber comprado el vino a granel a un tercero, ni siquiera tiene que ser una bodega, tan solo debe tener su registro sanitario de embotellador en vigor y todos los papeles en regla.

Durante mis años de trabajo en el sector del vino hemos visto muchos fraudes, falsificando números de registro, que siempre hemos denunciado ante la administración competente pero que representan un claro peligro para la salud.

Las “famosas” marcas blancas suelen ser de este tipo, ya que en el etiquetado no se puede descubrir absolutamente nada sobre de donde procede el vino (no todos los listados de números de registros de todas las comunidades se pueden consultar por internet, solo algunos y un grupo bodeguero podría elaborar bajo varios números de registros, los de las bodegas buenas en los archivos de la D.O., por ejemplo, y las menos buenas). No obstante, no debemos olvidar que en los “vinos de mesa”* la ley no permite poner ni añadas, ni variedades de uva ni otras cosas técnicas sobre el vino de la botella, pero si que permite el marketing engañoso.

Los vinos

Los vinos “por, para”, o marcas de distribución.

No obstante, si por ejemplo, un supermercado o un distribuidor o una tienda de vinos, quiere ofrecer a sus clientes su propia marca de vino (una táctica comercial que tiene sus defensores y sus detractores), tiene la opción de hacer un “Por, Para” (Marca de distribución, diferente a Marca Blanca por pequeños matices), que es un vino embotellado por “uno” para “otro”, el cual lo comercializa, y que encontraremos indicado (generalmente) en la etiqueta con diferentes grados de sinceridad ya que la identidad del embotellador puede estar oculta tras su código de embotellador y que el nombre fiscal del comercializador no coincida con la marca comercial.

Etiquetado de una

Etiquetado de una “Marca de Distribución”.

En este caso seguimos sin saber quien demonios ha elaborado el vino, incluso podría ser el mismo comercializador que lo elabora pero no dispone de embotelladora, en esos casos, generalmente, el que lo comercializa si que desea que lo sepamos (prestigio y tal) y nos solemos encontrar con etiquetados más concretos que nos dan más información con frases como: “elaborado por”… pero sigue siendo un acto de fe, ya que incluso nos podríamos encontrar con un vino comprado a un tercero por el comercializador al que se lo han embotellado.

¿Elaborado o embotellado?

¿Elaborado y embotellado o solo embotellado?

Claro está, que si una bodega es la que elabora y envasa, sin lugar a dudas querrá que nos enteremos de que son ellos los que llevan a cabo todo el proceso productivo… pero claro, las bodegas también compran vino hecho para algunas de sus marcas y ahí entramos en un mundo completamente complejo y absurdo ya que si compro el vino hecho pero lo mezclo… ¿realmente lo elaboro?… ¿y si compro el vino hecho y le doy yo una crianza en barrica?… ¿y si?…

Así que la próxima vez que se pregunten que quien demonios elabora el vino que se están bebiendo, repitan conmigo: “No tengo ni pajolera idea”… porque creer en la etiqueta es un acto de fe (salvo cuatro datos y no todas las veces).

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*: Aclaración sobre el término de “Vinos de Mesa”, tras las dudas y preguntas de algunos lectores: Cambió la Ley Europea en 2011 y complicó los términos: Los vinos de mesa acogidos a con derecho a ser acogidos dentro de una Indicación Geográfica Protegida (IGP, “Vinos de la Tierra de), dependiendo de reglamentaciones si que podrían indicar las variedades de uva y procedencia. Hay organismos capaces de certificar las variedades de uvas utilizadas para poder añadirlas en el etiquetado, pero es un proceso complejo y costoso. Nos referimos a los conocidos como “Vinos de Mesa” de toda la vida, ahora solo están obligados a incluir la palabra “Vino” y “Producto de España”, que en ocasiones se acorta de la siguiente manera: “Vino de España”.

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